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07
Sep 2011
11:15
El premio al equilibrio

Articulos en General

Mauricio Pellegrino

La consagración del combinado uruguayo en la última edición de la ‘Copa América’ pone de manifiesto, según mi criterio, la supremacía de la calidad colectiva sobre la individual, donde el todo, una vez más, fue superior a la suma de las partes. En los tiempos que corren, esta evidencia nos deja a los argentinos una lección más. Hay que tratar de ser mejores dentro de una organización, dejar de lado un poco de lo mío para buscar el bien común. Que fácil suena, que difícil es lograrlo.

La poca distancia entre las líneas del equipo uruguayo lo transformaron en un bloque muy sólido atrás y con más espacios para atacar. Fueron de menos a más hasta llegar a la final, donde disputaron un partido contundente, superando a Paraguay ampliamente y haciéndole mostrar al rival su peor cara, que fue la de defender con espacios buscando el arco contrario. El tercer gol de Forlán refleja la personalidad de este grupo ‘charrúa’, una fortaleza y una garra innegociables y calidad con velocidad para rematar al rival. Fue allí donde Luis Suárez se erigió en el mejor jugador del torneo. Supo aguantar la pelota como ningún otro, incordiaba a los defensas en el ‘pressing’, ganaba faltas en los momentos de más apuros y definió con la precisión de los elegidos.

Cuando el ‘Maestro Tabárez’ se hizo cargo del seleccionado uruguayo, después de quedar eliminado del Mundial de Alemania 2006, todos sus mensajes, o al menos los que yo escuché, transmitieron una coherencia y un convencimiento tales que ha conformado un equipo de cultura ‘charrúa’, con la personalidad de los grandes equipos de su rico historial pero adaptándose al presente, para así ubicar a sus jugadores de más talento al servicio del equilibrio. Hay algo en esta identidad que despierta mi más profunda admiración. El sentido de pertenencia y de que hay algo que se presupone antes de ponerse la camiseta: la entrega total e innegociable y el esfuerzo incansable de todos. Se respira este mensaje en su hábitat, lo manifiesta su entrenador, lo exige su historia, lo sufren los rivales y lo aplaude su gente. Es como una materia que deben aprobar todos sus integrantes antes de ser convocados. Es el mínimo indispensable. Talento al servicio del equipo o equipo al servicio del talento que coronó al que más méritos hizo. Enhorabuena a Uruguay por creer en un proyecto colectivo y de trabajo por encima de todo.

El crecimiento de equipos como Perú o la refrescante Venezuela invita a vislumbrar otro panorama totalmente distinto en las próximas eliminatorias para el Mundial de Brasil. Aunque para mi gusto los tres equipos que eligieron buscar el arco de enfrente en todo momento (Brasil-Argentina y Chile) no pudieron encontrar ese equilibrio como equipo que sí tuvo Uruguay. Venezuela fue una grata noticia y mostró audacia en los partidos claves. Perú, con Markarian, encontró un espacio que les devuelve la confianza hacia el futuro. Colombia siguió con sus altibajos y nos acostumbramos ya a ver a Paraguay cada vez más arriba.

Hemos asistido a una muy buena competición donde todos los equipos pusieron lo mejor que tenían, salvo la improvisada Costa Rica, y que premió al que decidió mejor en todo su transitar.