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07
Dic 2011
10:51
El carpetazo de Estambul

Articulos en General

Juanma Morán

Como bien es sabido por todos, el Liverpool es un club marcado por dos grandes tragedias: Heysel y Hillsborough. Aunque hablar de la primera de ellas en términos deportivos resulta una frivolidad, es necesario hacerlo si se quiere entender por qué los aficionados del Liverpool le están tan agradecidos a Rafa Benítez. En los años ochenta el equipo de Anfield era una potencia casi incontestable tanto a nivel doméstico como internacional. Los mejores jugadores siempre jugaban en Anfield y los títulos iban cayendo año tras año. Sin embargo, todo aquello cambió una tarde de mayo del año 1985. La fatalidad quiso que aquella tendencia ganadora se invirtiera en sentido contrario. Fue en la final de la Copa de Europa, la competición favorita de los rojos. La estupidez del hooliganismo acabó con la vida de treinta y nueve aficionados que acudieron a ver ese partido. Dice Nick Hornby en su libro ‘Fiebre en las Gradas’ que aquel incidente le podía haber pasado a cualquier hinchada de cualquier conjunto de las islas ya que, por aquel entonces, existía una absurda costumbre entre los sectores más radicales de seguidores británicos consistente en tomar por la fuerza las localidades que ocupaban sus homólogos rivales. Sea como fuere, lo cierto es que la salvajada conllevó un deterioro de las estructuras ‘liverpudlians’, cuya principal manifestación fue la paulatina pérdida de competitividad del equipo. A partir de entonces, cada vez que había un sonoro fracaso deportivo se echaba la vista atrás para lamentarse de la vergüenza de Heysel.

Y así fue, temporada tras temporada, hasta la llegada de Rafa Benítez. Unos meses después de que el técnico madrileño se hiciera cargo del ‘cuarto de las botas’ se volvió a levantar el trofeo de las orejas grandes. Cuando el árbitro pitó el final de la milagrosa noche en la que se le remontaron tres goles a todo un Milán, para acabar saliendo victoriosos de una contienda claramente desigual, todos los que querían de verdad a Liverpool se echaron a llorar. Eran lágrimas de felicidad. De pronto, esas tardes amargas en las que el marcador había sido contrario ante, pongamos por caso, el Crystal Palace, el West Ham o el Leeds United, cobraron sentido. Pero también eran lágrimas de desahogo. Porque de repente se tomó conciencia de que ya nunca más se volvería a decir aquello de "si Heysel no hubiera existido...". No. Si en el futuro había que referenciarse a un punto en la historia en el que había empezado todo, estaba claro que ese iba a ser Estambul. Sin duda. Veinte años habían quedado olvidados en un segundo. Y gracias a Rafa, el tipo que devolvió a un club de leyenda al lugar del que no debió salir jamás.

Cuando los analistas dicen que el gran error del entrenador fue empezar ganando de esta manera, queda claro que no son capaces de evaluar una trayectoria desde la perspectiva de un colectivo castigado de manera exagerada por la propia tragedia. Para los que están dentro de ese colectivo, el personaje es leyenda, entre otras muchas cosas, por este episodio. Por haber conseguido que se diera carpetazo definitivo al segundo capítulo más dañino, más destructivo de su larga e histórica vida futbolística.

Y le dirán gracias por ello cada vez que tengan ocasión, le pese a quien le pese.