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30
Nov 2011
14:17
Con la punta de los dedos

Articulos en General

Juanma Morán

Cristiano Ronaldo, Carlos Tévez y Wayne Rooney. Casi nadie al aparato, como sostendría un castizo. Vamos, que se dice pronto. Todos ellos coincidieron en la delantera del Manchester United por un tiempo. Ya me lo pregunté entonces y aún me lo pregunto ahora. ¿Se puede competir contra una concentración de talento y gol semejante? Evidentemente no. Sin embargo, en la temporada 2008/2009, al Liverpool FC se le ocurrió la feliz idea poner en duda esta sentencia. Y eso que sus razones no parecían, digamos, demasiado convincentes. Vale como atenuante que Fernando Torres era el delantero centro de aquel proyecto ‘red’, pero lo cierto es que resultaba como mínimo un escaso ‘argumentario’ para medirse a una suma de fuerzas tan brutal, tan demoledora, tan teóricamente incontestable como la citada al comienzo de este texto. De ahí lo destacable del siquiera cuestionar el poder establecido de la manera en que lo hizo el ‘grupo de Anfield’ en aquella bendita temporada.

Empezó como algo casi anecdótico, si me apuran, testimonial. Concretamente, la tarde en que se ganó al Chelsea en su guarida de ‘Stamford Bridge’ para ser líderes en solitario aunque por un estrecho margen. La verdad es que hizo ilusión, y mucha después de tanto tiempo, aunque nadie se viese en aquella fecha, a esas alturas, dando la cara hasta la última jornada por intentar ganarle la liga a un transatlántico de esas dimensiones. Pero fueron pasando las semanas y la cosa seguía más o menos igual. Tanto que empezamos a creer en lo increíble. Hasta que llegó la primavera. Y con ella se perdió el primer puesto. Lógicamente, fue en favor de los chicos de Sir Alex Ferguson, faltaría más. Por eso, la visita sólo unos días después al mismísimo ‘Old Trafford’ resultaba especialmente trascendente. Había todavía opciones y, sobre todo, había muchas ganas de demostrar que a veces, sólo a veces, el trabajo bien hecho vale más que los grandes presupuestos. Después de un comienzo malo, en el que se encajó un gol en contra, los de Benítez se rehicieron y acabaron arrollando a los propietarios del terreno de juego por un contundente 1-4.

Al final no se ganó la liga. De hecho, a nuestros rivales les sobró incluso un partido. No importó demasiado. Fue el año del subcampeonato, el de las dos derrotas en nueve meses, el del récord de puntos (86) que superaba al récord de puntos apenas un par de años antes. Y fue la temporada en la que una lucha desigual estuvo a punto de terminar de manera inesperada. O lo que es lo mismo. El año en el que Rafa volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: inventarse de la nada un conjunto campeón capaz de discutir la supremacía de un club que cuenta en sus filas con gente de la talla de Cristiano Ronaldo, Carlos Tévez y Wayne Rooney. Como apuntábamos al principio, se dice pronto.