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10
Jul 2014
10:11

Argentina vuelve a estar en disposición de jugar una final de un Campeonato del Mundo mucho tiempo después. Necesitó apurar todo el tiempo, incluso el extra, para deshacerse de una selección holandesa que sólo dobló la rodilla en la tanda de penaltis. Desde el día anterior, ya le estaba aguardando Alemania, que será su rival tras triturar literalmente a Brasil en un partido que tardará mucho en olvidarse y con una goleada de escándalo.

Victoria para la historia

Apabullante triunfo y goleada sin paliativos de Alemania ante Brasil (7-1) en la primera de las dos semifinales de este Campeonato del Mundo de Fútbol 2014 que se disputa precisamente en el país sudamericano. Un marcador que está ya en los anales de la historia por su contundencia y por los factores de los que viene precedido. Está claro que la selección de Brasil no sale bien parada cuando organiza un Mundial, pero esto supera con creces lo sucedido con anterioridad.
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A fuerza de ser sinceros, y a la vista de los acontecimientos, nos encontramos a las primeras de cambio con otro de esos partidos en los que la táctica cada vez cuenta menos a medida que pasan los minutos y van sucediendo cosas. Sobre todo, la llegada de los goles. Un duelo en el que, por encima de otros planteamientos y condicionantes, son las propias sensaciones y el desarrollo, casi imparable, de marcador los que describen, si es que se puede hacer con fidelidad ante una realidad así, lo que sucedió a lo largo del encuentro. Y es que pocas veces se ha visto algo como lo que contemplamos con los condicionantes que, a priori, se daban.

Con todo, vamos a intentar sacarle el jugo a los aspectos técnico-tácticos que deparó el choque mientras duró. De inicio, ambas escuadras salen perfilados con una línea de cuatro atrás sobre la que completar su dibujo. Los alemanes, con el equipo que venía actuando habitualmente, con Klose arriba, Müller y Özil por fuera y Kroos, Khedira y Schwesteinger en el centro, aunque alternando mucho sus posiciones. Sobre todo, los dos primeros, que eran los encargados de llegar prioritariamente al área rival. Es cierto que su defensa adelantada podía ser su punto débil, porque ya habíamos visto como Francia trataba de cogerle la espalda, con más incidencia por el lado de Lahm, que en principio es más ofensivo.

Por su parte, los brasileños se presentaban con Bernard entrando para ocupar el lugar del lesionado Neymar y Dante en el puesto de Thiago Silva. Muchos dirán que esa fue la clave del posterior desarrollo del compromiso, precisamente la falta de su capitán. Y es que su presencia está claro que le habría dado seguridad atrás, pero la sensación real a la vista de los acontecimientos es que faltaba algo más, mucho más.

Desde que Müller, solo en el segundo palo gracias a un sencillo bloqueo a su marcador, David Luiz, marcó el primer tanto de Alemania, pareció que los anfitriones perdieron toda la seguridad y toda la confianza en sí mismos que les podía transmitir todo un pueblo que estaba detrás de ellos. Tal vez por eso, por las infinitas ganas de no fallar, por la presión que tenían, intentaron, puede que a lo loco, cambiar las cosas y cambiarlas además muy pronto. Con evidentes errores de posición de toda la defensa y hasta de su medio campo, entraron en una espiral en la que permitieron a los futbolistas germanos interpretar a la perfección su plan de juego concebido. Apretar con intensidad arriba, recuperar cuanto antes el balón y enseguida buscar la portería contraria para matar irremisiblemente.

Un simple ejemplo. El seguimiento de Marcelo al delantero rival por detrás de toda su línea defensiva fue clave en el segundo gol. Los movimientos de todos los zagueros ante una pérdida de balón, corriendo despavoridos hacia su portería en vez de apretar al jugador con el esférico, fueron igualmente claves en un par de goles.

Y la falta de intensidad en las bandas a la hora de defender, en otro par de ellos. Así, poco a poco y mientras Brasil lo intentaba con el corazón, pero con unos desajustes tan grandes, impropios de una escuadra tan granada, el equipo alemán, que tenía las ideas muy claras y una perfecta concepción de dónde y cómo podía hacer más daño aún en un escenario así, se limitó a seguir haciendo sangre y a aumentar hasta lo histórico el marcador del encuentro. El partido terminó como todos sabemos (7-1) y, lo que es aún peor si cabe, con la sensación de que el tanteo y la derrota de Brasil, o la victoria de Alemania a la que no hay que quitar ni un solo mérito, pudieron ser aún mayores.

El bloque germano mantenía el orden y los movimientos que ya habíamos visto con anterioridad en otros partidos y no pasó apuros nunca. Si acaso, en el inicio del segundo tiempo, cuando Brasil apretó y pudo marcar, aunque repito, más con el corazón que por un planteamiento futbolístico claro. Con todo, a esas alturas campeaba un 5-0 en el electrónico que no inquietaba mucho a los europeos.

Buscar culpables ahora será fácil, ya sabemos cómo funciona este mundo. Pero la realidad es que, al margen de los primeros errores defensivos que condicionaron definitivamente todo el partido, entiendo que la propia presión que se autoimpusieron los brasileños, todos, el equipo y también los aficionados, fue su principal problema. No supieron, ni pudieron, manejar la adversidad y eso fue más importante para mí que el propio desarrollo del juego en sí.

Otro par de temas nada despreciables tal y como yo lo veo. Klose es ahora el máximo goleador de la historia de los mundiales, superando a Ronaldo, y Alemania se presenta como la gran favorita para ganar la final.

Por dar algún otro detalle táctico añadido en un partido complicado para aislarlos, el gol encajado por Alemania muestra la enorme relajación de una defensa muy adelantada y en línea, sin coberturas entre sus integrantes, algo que, por otra parte, pareció sólo preocuparle especialmente a Neuer, al que no le hizo mucha gracia encajar el tanto.

En definitiva y para cerrar este encuentro, una arrolladora Alemania se impuso con rotundidad a un Brasil sin capacidad para reaccionar ante la adversidad y con un siete a uno campeando en el marcador final. Realmente, un resultado para la historia.

Argentina necesita los penaltis

Argentina será finalista y rival de Alemania porque fue mejor en los lanzamientos desde el punto de penalti, en la tanda a la que se vio abocado el encuentro ante Holanda después de que, tanto el tiempo reglamentado como la prórroga terminaron tal y como había comenzado el duelo, con empate a cero goles. Luego llegó la suerte suprema y ahí si fue mejor el equipo sudamericano. Ni siquiera tuvo que usar los cinco lanzamientos, con cuatro le bastó. Por la selección europea habían fallado Ron Vlaar y Wesley Sneijder y el póker inicial argentino fue más que suficiente. No había para más, la doble cara de la moneda. Argentina a una final del Mundial 24 años después y Holanda que, a la cuarta, tampoco le valió.
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Pero vamos al cruce y a lo que dio de sí, no mucho, esa es la verdad. Como era de esperar, el bloque ‘orange’ sale con un sistema 1-3-4-3 en el que sus ‘laterales’, Blind y Kuyt, tienen casi toda la banda para ellos, porque por delante los exteriores, Sneijder y Robben, se mueven con libertad y abandonan el ‘carril’ con frecuencia. Sus marcajes al hombre en todas las zonas del campo son notablemente agresivos y no permiten muchas jugadas de ataque. Mientras, la ‘albiceleste’ empieza con un 1-4-4-2, con Messi e Higuaín arriba y Ezequiel y Enzo en las bandas. Los puntas ayudan poco en la presión y los centrocampistas sí son más agresivos sobre el adversario, superando incluso a veces a sus compañeros de vanguardia cuando van a apretar, pero sin efectividad, porque los holandeses tocan hacia atrás sin problemas y mantienen la posesión. Los sudamericanos tratan de jugar y buscar en ocasiones la espalda de sus rivales, en cambio, los europeos basan su juego más en la recuperación de balón y salida al contraataque. Cuando tienen el control del esférico, tampoco lo mueven con mucha velocidad y por eso no sorprenden apenas a la zaga argentina. No se crean ocasiones claras y sólo Argentina da una ligera sensación de peligro. Así las cosas, el 0-0 al descanso parecía irremediable.

Tras él, se inicia el segundo tiempo con el cambio de Jamaat por Indi, que había sido amonestado por una falta a Messi, y Van Gaal decide ajustar su defensa. El recién entrado pasa a la derecha y Kuyt a la izquierda, con Blind como central. Nuevamente se ven pocas jugadas en las áreas, pero parece que Holanda quiere irse un poco más hacia arriba. Argentina recupera algunos balones y vuelve hacia atrás en vez de buscar rápido la portería rival. Así transcurren los primeros minutos de esta segunda entrega. Holanda depende mucho del juego interior, porque sus exteriores se mueven por dentro y sus ‘laterales’ son más de trabajo que de desequilibrio, por lo que la sorpresa por la banda resulta bastante difícil.

El ritmo de juego sigue siendo lento, parece que los dos equipos prefieren no arriesgar y sólo Higuaín crea algo de peligro por la parte blanquiazul. La entrada de Agüero y Palacio quiere darle frescura al ataque celeste, pero falta poco para el final y no tienen tiempo de cambiar el juego. En el último minuto del tiempo reglamentario, Mascherano salva la ocasión más clara del duelo ante Robben. Se lanza al suelo y bloca el tiro del holandés, que es cierto que había dado el último toque un poco largo. Como el empate sin goles seguía siendo el marcador del choque se necesitó de una nueva prórroga en esta edición del Mundial.

Y con pocas novedades en su primer tiempo. Sólo destacamos que Van Persie sale del campo y entra en su lugar Huntelaar, como última alternativa por parte de Holanda para buscar algo distinto. Alejandro Sabella, por su parte, da entrada a Maxi Rodríguez por Lavezzi, con lo que los dos equipos han realizado todos sus cambios jugándose ya el todo por el todo.

El miedo de ambos equipos a perder hace que arriesguen poco y la lesión de Zabaleta ralentiza aún más el juego. Sin que nadie se lo espere, Palacio se encuentra una grandísima ocasión, con un balón a la espalda de la defensa. Pero busca superar al portero de cabeza cuando, tal vez, dejar bajar la pelota un poco más y golpearla con el pie podría haber sido más eficaz. Un tiro de Maxi Rodríguez y un acercamiento al área de Holanda cerraron el capítulo de merecimientos. No ha sido uno de los mejores partidos del Mundial, habrá que reconocerlo, y los penaltis decidieron que Argentina llegase a la final tras las paradas de Romero y el definitivo gol de Maxi Rodríguez para hacer pleno en los lanzamientos, sólo necesitó cuatro al final, de los albicelestes. Hablaremos de la final en este mismo punto de encuentro si queréis acompañarnos. Hasta entonces.